¿Qué es el Coaching Ontológico?
El Coaching Ontológico nos lleva a entender que no solo vemos la realidad, sino que la construimos con nuestras palabras. Descubre en que se basa ahora. Accede a una sesión descriptiva.
COACHING
Damien Duby
3 min leer
¿Qué es el Coaching Ontológico?
Imagina que tu vida es como llevar unas gafas. Cada persona tiene las suyas, con un color y un diseño distinto. Y esas gafas hacen que veas el mundo de una manera particular: lo que piensas de ti mismo, lo que crees que es posible o imposible, cómo interpretas lo que te pasa.
El coaching ontológico trata justamente de eso: de ayudarte a mirar el mundo de otra manera, cambiando esas “gafas” que a veces limitan lo que ves y lo que crees que puedes hacer.
Un poco de historia
Este enfoque nació en Chile en los años 80, gracias a Rafael Echeverría y otros pensadores que se inspiraron en la filosofía y en la biología. Ellos descubrieron algo muy poderoso: que los seres humanos no solo vemos la realidad, sino que la construimos con nuestras palabras, emociones y cuerpo.
A diferencia de otros tipos de coaching que se enfocan más en metas concretas (como mejorar en el trabajo o en los estudios), el coaching ontológico se mete un poco más profundo: te invita a transformarte como persona, a cambiar la forma en que entiendes lo que te pasa, para que de ahí surjan nuevas acciones y resultados.
Los tres pilares del coaching ontológico.
1. El lenguaje: la base del coaching ontológico
En el coaching ontológico, el lenguaje es como la herramienta principal, porque no solo sirve para describir lo que pasa, sino, para crear realidades nuevas. Piensa en esto: si dices “soy un desastre”, probablemente te limites y te sientas mal. Pero si cambias esas palabras por “estoy aprendiendo”, ya te abres a crecer y a mejorar. Con nuestras palabras podemos cerrar puertas o abrirlas, construir confianza o desconfianza, acercarnos o alejarnos de los demás. El coaching ontológico te ayuda a darte cuenta de cómo hablas contigo mismo y con los demás, y a elegir un lenguaje que te potencie en lugar de frenarte.
2. Las emociones en el coaching ontológico
Nuestras emociones influyen en lo que hacemos. No es lo mismo estudiar sintiendo miedo al fracaso que hacerlo desde la confianza. El coaching ontológico ayuda a reconocer qué emoción te domina en cada momento y a elegir otras que te puedan dar más opciones.
3. El cuerpo en el coaching ontológico
Nuestro cuerpo también habla. La forma en que respiras, te mueves o te paras refleja cómo te sientes y lo que crees posible. Si caminas encorvado y con la cabeza baja, difícilmente transmitirás seguridad. Cambiar tu postura y tu respiración puede cambiar también tu forma de actuar.
¿Qué significa “cambiar de observador”?
En coaching ontológico se dice que lo importante no es solo lo que haces, sino cómo observas el mundo. Al cambiar tu manera de mirar, cambian también tus opciones.
Ejemplo: si te ves a ti mismo como alguien “malo para hablar en público”, probablemente evites hacerlo. Pero si aprendes a observarte distinto —con nuevas palabras, emociones y posturas— puedes descubrir que sí tienes la capacidad, solo que antes no lo habías notado.
¿Para qué sirve el coaching ontológico?
El coaching ontológico sirve para cualquiera que quiera crecer.
No es solo para ejecutivos o adultos con trabajos importantes. Sirve para:
• En lo personal: mejorar tu autoestima, tus relaciones, tu forma de expresarte.
• En lo académico o profesional: animarte a dar tu opinión, tomar decisiones con más seguridad, comunicar mejor tus ideas.
• En lo social o familiar: entender y relacionarte mejor con los demás, abrir conversaciones que antes parecían imposibles.
En resumen
El coaching ontológico es una invitación a mirar el mundo con otras gafas. No se trata solo de “hacer más”, sino de descubrir nuevas formas de ser que te permitan abrir caminos que antes parecían cerrados.
Te voy a confesar una cosa…
A lo largo de mi trayectoria profesional he vivido distintas transiciones. Algunas las elegí yo; otras, me eligieron a mí. Hace unos años, fui invitado a dejar un proyecto.
Curiosamente, una parte de mí ya anhelaba un cambio y tenía claro el siguiente paso. Sin embargo, cuando el cambio no depende de nuestra decisión, el impacto emocional —visible e invisible— se multiplica.
En esos momentos, la tendencia natural es mirar hacia delante, centrarse en lo nuevo. Pero hacerlo demasiado pronto puede tener un coste: dejar sin procesar elementos que, con el tiempo, se manifiestan en nuestra confianza, en nuestras relaciones o en nuestra forma de liderar.
El cambio forma parte de cualquier carrera profesional.
Pero cuando no lo hemos elegido plenamente, requiere algo más que estrategia: requiere consciencia, acompañamiento y tiempo para integrar lo vivido.
Tuve la suerte de contar con apoyo en ese proceso. Y aprendí que toda transición —elegida o no— puede convertirse en un punto de inflexión, si se aborda con la mirada adecuada.
¿Te resuena?
Si estás viviendo una etapa de transición o sientes que algo está cambiando en ti o en tu entorno profesional, no tienes por qué hacerlo solo/a.
Hay acompañamiento especializado para que transformes tu cambio en una oportunidad de crecimiento y claridad.
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Damien Duby Coaching
Personas, equipos, futuro.
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